Ponencia de la Organización Nacional Indígena de Colombia ante el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de la ONU

por Willander Pushaina

El 24 de agosto de 2016, Colombia vivió un momento histórico lleno de euforia y esperanza. Ese día el gobierno colombiano y las FARC-EP (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) anunciaron al país que habían llegado a un Acuerdo Final, Integral y Definitivo. Ese mismo día, los pueblos indígenas, negros, afrocolombianos, raizales y palenqueros, también celebramos uno de los logros más significativos de nuestra historia reciente, ese día, logramos incorporar un Capítulo Étnico en el Acuerdo Final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera, producto de una negociación tripartita, donde los pueblos étnicos nos constituimos en el tercer actor de la negociación.

Ese día, el Gobierno Nacional y las FARC-EP reconocieron que los pueblos étnicos hemos contribuido a la construcción de una paz sostenible y duradera, al progreso, al desarrollo económico y social del país y que hemos sufrido condiciones históricas de injusticia producto del colonialismo, la esclavización, la exclusión y el haber sido desposeídos de nuestras tierras, territorios y recursos (Acuerdo Final, 2016).

Dicho reconocimiento, es producto de una historia de lucha y resistencia donde los pueblos indígenas siempre hemos optado por el diálogo y la negociación, no solo como una forma de construcción de paz sino como una practica permanente de ella.

Por eso resaltamos varios momentos históricos donde los pueblos indígenas hemos aportado a la construcción de paz, que coinciden con la creación de la ONIC (Organización Nacional Indígena de Colombia) en 1982; como son, los acuerdos humanitarios con las FARC del 30 de enero de 1987 en Casa Verde, La Uribe (Meta) y el del 26 de febrero de 1989 con el mismo grupo insurgente; el acuerdo de paz entre las FARC y el pueblo indígena Nasa -del resguardo Nasa Wesh- en La Gaitania, Tolima; la resistencia pacífica del pueblo Embera Katío ante los efectos del proyecto Urrá I; las formas de resistencia en defensa del territorio sagrado de los pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Gonawindúa, asociados a iniciativas de paz; el proceso de paz con el M-19 y el Quintín Lame que conlleva a la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente en 1991; el proceso de paz del Caguán y el proceso de paz de Ralito con los paramilitares entre 2002 y 2003.

A esto se suma, la celebración del Congreso Nacional Indígena de Paz realizado en el 2001, en Cota, Cundinamarca y la posterior creación del Consejo Nacional Indígena de Paz y sus posteriores mesas de seguimiento, que culminó con la articulación al Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP) realizando una audiencia en julio de 2007 en Atánquez (Cesar); las experiencia de las guardias indígenas y de otras acciones de resistencia como las mingas actuales; la creación de La Comisión Étnica para la Paz y la defensa de los derechos territoriales; la creación de la Cumbre Agraria, campesina, Étnica y popular; los acuerdos bilaterales con gobierno y FARC; el papel de las mujeres étnicas en el acuerdo, entro otros.

Debemos resaltar, que aún en momentos de dificultades por el estancamiento de los procesos, los pueblos indígenas siempre hemos mantenido una Agenda Nacional de Paz, más allá de la terminación de los conflictos armados, con una visión propia, que constituye un verdadero aporte a los pueblos del mundo. Un ejemplo de ello es la campaña “Yo porto un bastón por la paz”, como apuesta colectiva contra toda forma de violencia.

Para los pueblos indígenas, la violencia y los conflictos son parte de la desarmonización y el desequilibrio del territorio y el buen vivir comunitario, vulnerados históricamente en sus dimensiones materiales e inmateriales. Por lo tanto, cuando existe una afectación tanto personal como social o comunitaria, producto de la violencia directa, cultural, estructural, política, de género, étnica, ambiental etc., el territorio también se ve afectado, se rompe el equilibrio hombre-naturaleza y se crean situaciones nocivas para las comunidades y pueblos del mundo.

En palabras de Luis Fernando Arias, Consejero Mayor de la ONIC, a quien quiero homenajear en este escenario
“La visión de paz de los pueblos indígenas está en mantener el equilibrio y la armonía entre el hombre y la naturaleza y su entorno social, cultural, territorial, ambiental
Nosotros entendemos la paz en su integralidad como la perspectiva del buen vivir, del vivir bien (…). Tenemos una visión de paz que no es una visión antropocéntrica, que es no solamente nuestra como sociedad, como especie, como ser humano, sino con el territorio, con la naturaleza. Por el respeto al agua, a los bosques, al aire, a los sitios sagrados, a los sitios culturales, a toda esa riqueza ambiental, social, cultural, biodiversa que tenemos en nuestros territorios” (Vega, Rodolfo. El Capítulo Étnico del Acuerdo de Paz de La Habana. La historia del tercer actor de la negociación).

Podríamos resumir, que la paz para los pueblos étnicos es el buen vivir comunitario en equilibrio y armonía con el territorio y la naturaleza en sus dimensiones materiales e inmateriales.

Nuestra visión sobre la paz es una muestra fehaciente de la diversidad de formas de ver el mundo e interpretar la naturaleza, de acuerdo con los aspectos culturales, políticos, cosmogónicos, religiosos e históricos. Es un aporte a las distintas nociones hegemónicas sobre la paz y los conflictos que deben tener en cuenta las agencias de Naciones Unidas.

Sin embargo, las esperanzas que depositamos en el Acuerdo de paz y la implementación del Capítulo Étnico, hoy se ven amenazadas por el recrudecimiento del conflicto y la inactividad del gobierno para proteger la vida y pervivencia de los pueblos, agudizados en una grave crisis humanitaria. Queremos denunciar, que desde el inicio del gobierno del presidente Iván Duque, se han registrado graves afectaciones a los derechos humanos contra los pueblos indígenas, según datos del Observatorio de Derechos Humanos de la ONIC, con más de 298 homicidios, 16.915 personas en situación de desplazamiento forzado, 60 casos de secuestro, 39 casos de reclutamiento forzado, más de 2.000 casos de amenazas e intimidaciones entre otras graves afectaciones.

Esto se agrava, con la casi nula implementación del Capítulo Étnico del Acuerdo de Paz. A la fecha se calcula que solo el 10 % del conjunto de la implementación se ha realizado para los pueblos étnicos, con una brecha de cerca del 20% frente a otros temas y sectores.

Es por ello, que solicitamos al Foro Permanente para las cuestiones indígenas:

1. Recomendar una visita conjunta en misión de verificación con el señor relator especial sobre los derechos de los pueblos indígenas.

2. Instar a las Agencias de las Naciones Unidas para realizar un trabajo concurrente y coordinado con las organizaciones de los pueblos indígenas para contribuir al cumplimiento del Capítulo Étnico del Acuerdo de paz.

3. Tome acciones urgentes para proteger la vida y la pervivencia de los dirigentes y pueblos indígenas de Colombia.

4. Instar al Estado colombiano a que garantice la vida y pervivencia de los pueblos indígenas y cumpla con la implementación del Capítulo Étnico del Acuerdo de Paz.

¡CUENTEN CON NOSOTROS PARA LA PAZ, NUNCA PARA LA GUERRA!