Desde un sistema de salud tradicional-occidental, el Pueblo Indígena Embera trata y previene la tuberculosis

por ONIC

• Por: Janny Delgado - Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC).

La tuberculosis y su incidencia en los Embera del Chocó

En la extensa región del Chocó, entre insondables selvas e interminables lluvias, habita el pueblo indígena Embera comunidad que a pesar de sus creencias ha terminado por aceptar la tuberculosis (TBC) como “una enfermedad contagiosa que mata” por esto, han comenzado a ejecutar programas de salud para prevenir y erradicar dicha enfermedad en sus comunidades. Desde su cosmovisión los Embera conciben la tuberculosis como un maleficio, típicamente tratado por el médico tradicional conocido como Jaibaná. En el Resguardo Indígena Alto Río Pangui, ubicado en el municipio de Nuquí, su médico tradicional describe la TBC como una “enfermedad profunda que se lleva al interior de la sangre” y que se cura con la corteza de un árbol llamado Palo Indio, la cual debe estar bien aconsejada (rezada) de manera que se pueda hacer el trabajo con el paciente, que consiste en baños, soplos y tomas de esta bebida dirigidos por la fuerza espiritual del Jaibaná lo que finalmente lograr curar la tuberculosis. En esta región tan excluida y maltratada donde la extrema pobreza es evidente a primera vista perviven más de 27 mil indígenas. Durante el año 2017 el Ministerio de Salud realizó seguimiento a 45 casos de TBC en la población Embera del Chocó.

La tuberculosis es una enfermedad bacteriana que afecta principalmente los pulmones y puede propagarse a otros órganos. Altamente contagiosa, es considerada la enfermedad infecciosa de mayor prevalencia en el planeta, siendo la segunda causa de mortalidad a nivel mundial, se transmite vía aérea cuando una persona contagiada tose, estornuda o incluso mientras habla. Por lo mismo, se debe reducir al mínimo el contacto del paciente con terceras personas. La probabilidad de transmisión aumenta significativamente en lugares con hacinamiento o mala ventilación, así como en ambientes cargados de humo y sitios oscuros. Esto último, en el caso de muchas comunidades indígenas, sumado al deficiente acceso al agua limpia, principal causa de malnutrición, uno de los factores de prevalencia de TBC, junto al deterioro del ecosistema constituyen las principales causas de incidencia de tuberculosis, por ejemplo, en una vivienda comunitaria tipo maloka las condiciones de aireación muchas veces no son adecuadas para el cuidado de los pacientes ni mucho menos para prevenir la propagación de dicha enfermedad. Es posible romper la cadena de transmisión si se aísla al enfermo y se comienza de inmediato con el tratamiento anti-tuberculosis, el cual debe seguirse por completo, pero el difícil acceso al sistema de salud acompañado del alto costo del transporte en las zonas donde se encuentran las comunidades indígenas dificulta mucho romper la cadena de transmisión de la TBC. Por esto mismo, la detección temprana de individuos sintomáticos, una de las principales vías de prevención, se hace prácticamente imposible en dichos territorios.

En Colombia, durante el año 2016 se presentaron 12.625 casos nuevos de tuberculosis, de los cuales 698 del total se presentaron en población indígena. Según datos aportados por el doctor Mauricio Hernández, la incidencia de TBC en la población colombiana es de 25,3 por cada 100.000 habitantes, mientras en el departamento del Chocó la población afrocolombiana, que representa el 74.6% (2017) de los habitantes del Chocó, la prevalencia es de 41,7 por cada 100.000 habitantes. En el caso de la población indígena de este departamento, quienes conforman el 11% (2017) de la población del Chocó, 192.1 de cada 100.000 habitantes padece la enfermedad. A pesar de existir claras posibilidades de sub-registro en los datos estadísticos que refieren a las comunidades indígenas, es evidente que la tasa de incidencia en la población Embera del Chocó octuplica la media nacional y prácticamente quintuplica la media departamental.

Por otra parte, el grupo de Micobacterias del Instituto Nacional de Salud analiza muestras de tuberculosis provenientes de la población indígena con la intención de identificar el perfil genético de éstas pudiendo así conocer las cadenas de transmisión entre pacientes.

Dentro de las muestras analizadas por el INS se encontró que un 16% de ellas arrojaron resistencia a más de un medicamento antibiótico (rifampicina e isoniazida), demostrando que existen fallas en el tratamiento, transmisión de cepas con resistencia primaria, falta de adherencia y falta de seguimiento a los casos positivos de TBC encontrados. La presencia de resistencia en comunidades indígenas es una evidencia cierta de las fallas en el sistema de salud y el seguimiento necesario para garantizar la correcta adherencia al tratamiento y lograr cortar la cadena de transmisión de esta enfermedad. También es posible evidenciar las fallas del sistema de salud en la insuficiente búsqueda activa dentro de las comunidades de personas sintomáticas respiratorias, lo cual forma parte de la estrategia inicial para la detección de nuevos casos de TBC, toda vez que según datos analizados más de la mitad de los casos reportados entre miembros de comunidades indígenas lo hacen en una etapa avanzada de la enfermedad. Otra prueba más de esta deficiente atención en salud en el departamento del Chocó es, por ejemplo, la mortalidad asociada a desnutrición infantil llega a 34,8 cuando el promedio en Colombia es de 6,77. En el caso de la TBC, la mortalidad por meningitis tuberculosa (cuya media nacional es de 9,2) mientras en el departamento la tasa es de 50, más de cinco veces la tasa nacional de incidencia. Cabe destacar, que los casos de meningitis tuberculosa reportados corresponden a menores de edad por lo que “se deben desarrollar procesos que permitan lograr esquemas completos de vacunación en la población menor de cinco años del departamento”, tal como refiere el ASIS 2016 del Departamento del Chocó.

Hacia una medicina intercultural, alianza tradicional-occidental en el tratamiento y la prevención de la TBC

Según refiere el Departamento de Información Pública de las Naciones Unidas (2009) “a causa de la pobreza, la tuberculosis sigue afectando en forma desproporcionada a los pueblos indígenas de todo el planeta. Pese a que se han elaborado programas de lucha contra la tuberculosis, éstos no suelen beneficiar a los pueblos indígenas debido a cuestiones relacionadas con la pobreza, la vivienda precaria, la falta de acceso a los servicios médicos y a los medicamentos, las barreras culturales, las diferencias lingüísticas y la lejanía geográfica”.

En la población indígena en Colombia, encontramos un perfil epidemiológico que asocia la enfermedad a altos índices de pobreza, desempleo crónico, desnutrición, marginación, hacinamiento, exclusión social, falta de tierra, destrucción de su ecosistema, alteración de sus dinámicas de vida, migración, falta de acceso a fuentes de agua limpia, el alto costo del transporte, un sistema de salud de difícil acceso, desigual, de mala calidad y con baja cobertura, así como prácticas culturales tradicionales que chocan con la medicina occidental, todo esto sumado a la dificultad para comunicarse con el personal de salud.

Lograr que la población Embera del Chocó aceptara que la TBC es una enfermedad transmisible que requiere ser tratada en conjunto con la medicina occidental, fue gracias al arduo y constante trabajo que desarrolla el médico Mauricio Hernández desde el año 2009 con el grupo de investigación Piraguas de la Universidad Pontifícia Bolivariana, ha dedicado gran parte de su vida profesional a trabajar con poblaciones vulnerables. En su trabajo con la comunidad Embera ha logrado tejer ese tan necesario puente entre la medicina tradicional y occidental. Tal como afirma el Cabildo Mayor Celimo Quiro, del Resguardo Indígena Alto Río Pangui fue gracias al trabajo realizado por este médico que ahora “nos capacitamos para atender a los pacientes, sabemos preparar suero casero, aplicar inyecciones, a protegernos de las enfermedades de transmisión sexual y ya distinguimos cuando la persona tiene paludismo o malaria”.

Este trabajo de capacitación se ha realizado por medio de diplomados en salud, del cual se graduaron 160 líderes indígenas, encuentro en que los profesionales de la salud junto a los líderes de la comunidad realizan un intercambio de saberes al tiempo que se construye un modelo educativo que identifica la relación entre el individuo y el medio ambiente como el principal factor que favorece la ocurrencia y propagación de enfermedades, por encima del concepto mágico-religioso de la enfermedad. Durante el diplomado los miembros de la comunidad tienen la posibilidad de ver a través de un microscopio muestras de sangre con TBC y observar la bacteria que genera la enfermedad, permitiendo generar una reflexión que conduce al cambio de paradigma sobre el origen de la misma y que, por tanto, posibilita la prevención y tratamiento oportuno y efectivo de la enfermedad. Para conseguir este intercambio de saberes en el que se conectan dos sistemas medicinales lo primero “es el respeto al conocimiento ancestral, buscando la manera de complementarlo con la medicina occidental y sobre todo la disposición de aprender de ellos, si hacemos un balance es mayor lo aprendido de los médicos tradicionales y del trabajo conjunto con la IPS Indígena Chichi Jay y la Asociación Indígena ASOREWA”, tal como refiere el doctor Mauricio Hernández.

Es necesario continuar desarrollando en todas las comunidades indígenas del país acciones de prevención y control de la tuberculosis tendientes a la detección temprana que logre identificar las personas sintomáticas, mediante la participación activa de la comunidad en la detección, diagnóstico, tratamiento y cuidado de los casos de TBC siempre teniendo en cuenta las creencias de la comunidad, para lo cual es imprescindible la inclusión de toda la comunidad y, en especial de sus líderes, en la elaboración de un diagnóstico de las necesidades de salud y los respectivos planes de atención y prevención.

Por otra parte, el Estado y las instituciones de salud en Colombia deben asegurar el acceso oportuno al sistema de salud, fortaleciendo la red de servicios públicos en los territorios de manera que se puedan identificar los factores de no adherencia para, posteriormente, generar las acciones de cambio necesarias por parte de los profesionales de salud en conjunto a la comunidad que permitan hacer frente a la enfermedad de una manera más eficaz, teniendo como eje central el intercambio de saberes y las actividades educativas al interior de las comunidades étnicas con un enfoque que reconozca el territorio y respete la pluralidad de saberes existentes.