La indignación debe ser nacional por la muerte de niños y niñas por física hambre y sed en Colombia: ONIC

por ONIC

Frente a la indignación de seguir denunciando la muerte de niños y niñas indígenas por desnutrición y de otras enfermedades que pueden evitar su deceso prematuro, Luis Fernando Arias Arias, Consejero Mayor de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), hizo llamado a que “la indignación debe ser nacional, no puede ser que nos duela y asumamos la responsabilidad los indígenas y aliados, es responsabilidad del estado, como colombianos que somos, nos debe dolor a todos y todas”.

Así lo reiteró en el ritual de duelo contra la muerte de la niñez Wayuu, realizado en la Plaza de Bolívar de Bogotá, el pasado martes 11 de Mayo, donde el dolor y la impotencia se unieron con aproximadamente mil participantes, entre ellos autoridades y comunidad Wayuu quienes de La Guajira vinieron a seguir exigiendo acciones estructurales y no solo respuestas asistencialistas, que responden a fenómenos noticiosos. Precisamente por ser una situación de fondo que atentan con los derechos fundamentales y naturales de los pueblos, más por física hambre y sed, donde están bordeados de tanta riqueza explotada para unos cuantos.

De ahí que en el Consejero Mayor de la ONIC, valoró la iniciativa de movilizar a la sociedad en general, de unirse a las denuncias sistemáticas que vienen dando las autoridades indígenas, sobre todo a las instituciones competentes del gobierno a concertar con las autoridades indígenas accionar que conlleven a solución definitiva, de uno de los flagelos que atentan con la integridad del Movimiento Indígena Colombiano, dado que no solo las pérdidas son de la niñez del pueblo Wayuu, este flagelo se registra a lo largo y ancho de país, y de otras poblaciones en regiones apartadas donde las pérdidas no son noticias.

En ese mismo sentir, el senador del MAIS, Luis Evelis Andrade Casamá, en comunicado público calificó “como una clara demostración del rechazo general que sienten los colombianos y colombianas por la situación que afronta la niñez Indígena en Colombia, el apoyo brindado al acto de protesta”, quien a su vez reiteró su compromiso de seguir apoyando las manifestaciones de rechazo en contra de la muerte de niños y niñas indígenas en diversos sectores del país, situación que debería convocar el respaldo de la Nación colombiana para llamar la atención sobre un hecho que ha sido calificado como una calamidad pública en pleno siglo XXI”.

La jornada incluyó varios momentos que mezclaron el despertar de las semillas alrededor de la estatua de Simón Bolívar, un espiral gigante de personas que se tomó el espacio de la plaza en varios sentidos con ataúdes y mantas negras, sonidos de llamado y fúnebres con maguaré, cacho de venado, caracol, carrizo y flauta, ambiente musical que le imprimió un aire de magia y colorido al evento de protesta en pleno centro de la capital colombiana.

Luego entre llanto e indignación, voceros y voceras por cada una de las organizaciones y movimientos que hicieron parte de la convocatoria, asumieron la vocería de quienes claman que el grito se convierta en una sola voz. Entre ellos la lideresa Wayuu Remedios Uriana, quien inicio “este ritual es una muestra del llanto de miles de mujeres Wayuu y de decenas de pueblos Indígenas que han parido hijos que no pudieron crecer. Lloramos la muerte de sus hijos para honrarlos, reconocerlos y permitirles que descansen en paz, y esto solo se logrará cuando no haya una perdida más”.

A Remedios Uriana, se unieron Luis Fernando Arias, Consejero Mayor de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC); Ruth Chaparro, por la Fundación Caminos de Identidad (FUCAI); Ángela María Robledo, representante a la Cámara; Matilde López Arpushana, lideresas del Pueblo Wayuú; entre otros con cantos y música, quienes ratificaron que acciones como estas seguirán hasta que haya respuestas estructurales a este flagelo real.