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Maloka Tejido


Cada hija y cada hijo de nuestros pueblos ha venido para amar la tierra, para protegerla y para hacerla respetar. Seguiremos mirando al futuro con ojos de esperanza y trabajaremos para que las generaciones se sucedan en esta tierra con alegría y paz.


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Sistema Indígena de Comunicación de Colombia, SICO: ORIGEN

Plantando SICO para que germine

Un viejo del resguardo Milán, en la margen derecha del río Igara Paraná, recuerda los tiempos de la cauchería cuando tocar el manguaré les costó la vida a muchos hombres. El manguaré es hombre y es mujer, pero sobre todo es selva; lo constituyen dos troncos huecos de árboles de fina madera y un mazo de caucho que para los ancestrales era simplemente lágrimas de árbol. Con él se tocaba el llamado de la fiesta y el saludo de bienvenida o el grito del peligro.

Sus golpes podían leerse a lo lejos y, 20 ó 30 kilómetros más allá, otro repetía la clave y la selva toda se tornaba caja de resonancia de modo que hasta las aves se enteraban y corrían hacia las copas de sus árboles y los felinos huían al fondo de sus cuevas.

Una carrera ritual seguían los tocadores. Un cúmulo de fiestas y de bailes se hacía gracias a sus toques iniciáticos. Entre noches de mambé y días de casabe se aprendían los tonos y las claves… Pero ya son pocos los que comunican a través del manguaré pues contra sus tocadores se ensañaron los caucheros, quemaron sus instrumentos con sevicia y algún día terrible, de principios del siglo pasado, una maloka completa ardió con los hijos de Yarokamena, pero un guerrero y uno de los mejores exponentes del manguaré, del Chicote, de la Gaita, de la Kena… supieron dejar sus huellas en la selva, en la Sier ra, en los ríos, en los caminos…

Nuevas técnicas han reemplazado a las habituales: de puerta en puerta van las falcas (barcazas de cabotaje) dejando mercancías y trayendo recados en la comunicación cotidiana; es necesario recomponer el orden de las cosas, habrá que aprender a hablar por los micrófonos como se hablaba por los tambores; así que quienes van a hacerlo deberán aprender primero de las sales vegetales y del tabaco tanto como de las serpientes que vienen por los ríos. Una comunicación con técnica pero sin alma, estaría condenada al fracaso.

Quienes saben hablar con los jaguares, le apostaron también al reto de tomarse las herramientas de la técnica y las ricas posibilidades de estos códigos radiales probados en otros rincones de la tierra, para luego hacer circular su gran cosmovisión en la ruta de una comunicación con identidad, con rostro propio.

En ellos se sembraron las herramientas para ser usadas como armas de una nueva confrontación. Ya no los protegerán las montañas de Tálaga ni los picos de la Gonawindua, ya no podrán aislarse por la gracia de los raudales o la inmensidad de los llanos. Ahora habrá que darle la cara a un mundo lleno de peligros mayores como la exclusión, la pobreza, la enfermedad y, aún más, enfrentar el gran desafío cultural de ser a pesar de la uniformidad. Hoy tenemos la oportunidad de asumir la voz de cada pueblo, la simbología de cada tierra, los hábitos de cada pueblo, los mitos de cada cultura. Con ellos debemos levantar las nuevas barricadas a donde resistir los embates que inician con la exclusión económica y luego asfixian el alma.

Hemos perdido el miedo al papel en blanco aunque no el respeto, hemos entendido la magnitud de nuestro trabajo, hemos asumido retos y compromisos comunes.

Al inicio del diplomado era evidente la resistencia a producir textos escritos. Falencia propia de la tradición oral, pero también de las prácticas empíricas de la radio que le dan a la improvisación un papel mucho mayor del que verdaderamente amerita. Comprobamos que escribir es un ejercicio fundamental pues a él va ligado el sentido y la eficiencia del comunicador. Escribiendo se perciben con claridad los sentidos que les damos a los hechos y se fortalece el proyecto comunitario. Mientras en la cultura hegemónica se puede dar el lujo de tener cientos de comunicadores hablando por hablar, pues tienen una elite preparada para producir los textos que dan el rumbo a la sociedad, entre nuestros pueblos cada comunicador se convierte en un piloto que lleva el rumbo de su pueblo, por ello las palabras no pueden ser gratuitas, la memoria no puede quedar en el vacío.

Con el final del III módulo del diplomado nació de manera efectiva el Sistema de Comunicación Indígena, SICO. Desde entonces las voces de Yanaconas, Pijaos, Ingas, Kankuamos, Zenúes, Nasas, Guambianos, Coconucos, Emberas, Wayúus, Coreguajes, Siona, Totoro, Awá, Pastos y muchas más de las 92 que pueblan este país, se oyen con más fuerza.


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